This night
Hay un monstruo dentro de mí con un hambre que hace rugir de todo menos las tripas.
Hay un lado oscuro que de tanto ocultarlo hay días que parece estar sepultado, y otros que parece ser el único que existe.
Antes cualquier bar calmaba la sed de sangre que recorría sus venas, ahora vende barata su lealtad fingiendo que somos la misma persona.
No sé bien cómo pero la negociada tregua en la que solo pierde uno, no imprime sabor alguno de paz; su fuerza es tan imponente y poderosa como destructiva...
Cual niño despavorido que huye del fantasma que se esconde bajo su cama, quedan pocos refugios a los acudir sin ser encontrado, pocos resquicios de humanidad, pocos calurosos rayos de sol que evoquen la dulzura y la ternura previas a la contienda.
Desearía ponerle cara, perder(le) el miedo; desearía mirarle a sus ojos y preguntarle qué es lo que quiere de mí. Lo que no sabe, lo que me da ventaja y lo que mantiene vivas mis esperanzas, es que en esta guerra destinada a arrasar con todo no habrá ganador, solo se terminará cuando comprenda que no he de ocultarme, ni tampoco plantar cara, sino convivir con ello.
Black Lab.
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