Mi nota

Si tú no estás yo no voy a estar, eso me dije a mi una vez. Se fue para no volver. La alegría, la ausencia de miedo, la mejor versión de un fantasma que solo revive mientras duermo y mientas sueño despierto.

Y se fue, como se lleva a un náufrago el mar, como la luna el amanecer, como mis sueños al despertar. El  unicornio azul, la versión de mí que no consigo recuperar, el listón al que jamás voy a alcanzar. 

He de confesar que soy rehén de algo que no sé si sigue ahí, pero yo mataría por ti, moriría ir ti, dije: “hasta el final”. Sin medias tintas, moriría por vivir, sin entender que se trata de no sobrevivir, sino de entender la vida para no querer despedirse por última vez.

Sé que no me hago bien, y qué tonto de mí sí llegué a creer. Yo sí que habría estado toda la vida contigo… pero hay días en los que me rendiría si eso fuera una opción. 

Y ahora no sé qué coño me está pasando, pero la presión me está matando. No sé si voy a poder parar mis cambios. ¿Cuál es el punto de no retorno? ¿Cuándo ya no habrá vuelta atrás? ¿Cuándo será demasiado tarde?

Sigo pensando qué hubiera sido, yo que hubiera estado toda la vida contigo. Porque siempre he creído, quiero creer y creeré, que mi historia se merece un final feliz, aunque no sé de qué forma ni para quién lo será. Un punto y final casi nunca es un final feliz, solo cuando lo que había antes del punto era peor que seguir sin ponerlo. 

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