Tenías razón

Estaba en atocha suplicando un momento de libertad. Tuve que esperar para darme cuenta de que lo que allí repudiaba terminaría haciéndome feliz y lo echaría en falta. ¿Cómo puede ser si nunca lo había tenido?

La vida me devolvería en bandeja de oro lo que traté de enterrar porque no había sido capaz de entender: su peso me hundía más rápido de lo que mis sentidos disfrutaban de ese presente.

Hoy añoro aquel céntrico segundo piso, y el cementerio donde se quedó ese parte de mí, esa que desde entonces me obliga a ver los toros desde la barrera, que me hace sentir que no encadeno dos pasos hacia delante seguidos, y eso si es que me deja sentir algo por una vez.

Tenía razón, puede que esté roto.


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