Hola Abu
Hola abu, ¿qué tal estás?
La vida, en uno de sus divertidos e
inesperados compases me ha puesto en una situación en la que alguien que te
quiere mucho me ha dicho que te rece y que me ayudes un poco en esta empresa, sea lo que sea lo que tenga que pasar.
Hoy hace 8 años y 9 meses y 5 días que te fuiste
y nunca antes me había atrevido a hablarte. Al decirme que te rezase he
pensado... ¿Y si hablo con él?
Mis ojos te ven mientras mis oídos escuchan la
droga a la que tan pocas veces he recurrido durante estos más de ocho años; la
canción que me ayuda a viajar en el tiempo y que al cerrar los ojos hace que te
sienta a mi lado. Mientras, noto como un terrible nudo ahoga mi garganta
queriendo decirte lo que te extraño en forma de lágrimas; no le dejo, pero esta
droga es más fuerte que yo.
Qué contento estaba con mi iPod nuevo. Hacía tan
solo seis meses que lo tenía y durante cada uno de esos ellos estuve deseando
que llegase el verano para ir a verte y ponerme mi música durante las cuatro
horas de tren que nos separaban. Me descargué la canción que hoy me transporta a
tu lado sin ni siquiera saber lo que significaría para mí. No la había escuchado, es más, lo
hice reticente y convencido de que ese segundo disco de aquel desconocido
pianista sería incapaz de superar el primero y que poco o nada se podría sacar de él.
Tú
me dijiste que, por favor, que apagase la lucecita del pasillo. Cada verano me
lo decías un par de veces y ese ya te había tocado levantarte para apagarla y
todo, pero nunca te hice caso; era una mezcla entre miedo a la oscuridad y que
quería, al levantarme por la noche, ser consciente de que estaba en "casa", al
otro lado de tu habitación.
Escuché aquel disco entre cabezadas, con mis cascos
puestos, inmerso en un mundo lleno de desconfianza hacia el artista. Ni
siquiera logro recordar si su magia hizo efecto en aquel momento o tan solo fue
un simple amor a primera vista que hasta pasado meses no volvería a ver.
Y así
fue, lo volví a ver.
A la vez que a ti, de hecho, aquella noche de hospital del
2 de enero de 2013.
Nunca había visto a alguien marcharse, y no supe que lo
habías hecho hasta que vi la primera lágrima en mis casi 17 años en la cara de mi
padre. Me disgusté con él por verle llorar, aunque nunca se lo dije. Me disgusté
porque yo llevaba días creyendo que no volverías a ser tú, que no volverías a
"casa" y no habría un verano más.
Me disgusté al ver que ellos aún no lo habían entendido.
Me disgusté porque me rompí por dentro, porque
no quise creérmelo.
Hoy entiendo y valoro a más no poder el tacto que tuvo mi padre conmigo a la hora de decírmelo, cuando en realidad se había ido un padre para él,
te habías ido.
Y sí, te fuiste.
Mis tíos y mi abuela vinieron a darnos un fuerte
abrazo a Alicante. Fueron más de 9 horas de coche seguidas solo para darnos un
abrazo mientras yo aún no asumía lo estaba pasando. Cinco meses antes, cuando
precisamente ellos vinieron a recogerme a tu casa, le dijiste a mi tío que esa
era la última vez que os veíais, que estabas encantado de haberle conocido.
No
voy a pedirte nada más que una cosa: disculpas.
Gracias por haberme acompañado
durante aquellos veranos y por no haber dejado de hacerlo desde entonces, pero
discúlpame por no haberte aprovechado más.
Te quiero abu.
Comentarios
Publicar un comentario