Inmortal
Érase una vez, tras otra, un chico joven, con muchos prejuicios y pocas ganas de vivir. Muchas motivaciones sobre el papel y demasiado pocas que le ayudaran a salir de su cama cada mañana.
Érase la historia de su vida, la historia de sus deseos, esos que me perecieron en su mano entrecerrada mientras su voz agonizaba cada nota de su canción favorita, la que revivía su peor pesadilla y besaba con amor a la única esperanza que le quedaba: que le recordasen.
La mortalidad tiene el mismo punto débil que la inmortaliadad: cuando puedes optar a ella, ya no la quieres.
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