El idioma de los dioses
En el libro de instrucciones que no llegó bajo el brazo está
escrito: la perfección no implica felicidad. Una libertad envenenada, una
felicidad condenada, una perfección utópica y elitista.
Intentando alcanzar lo que para otros fue mucho más que
perfección me perdí. Perdí el norte, la cordura y la forma de sentir. La
perfección se personificó para llevarme de la mano al tugurio más turbio.
Me costó demasiadas horas comprender que la perfección a
veces no vale, que gusta mucho menos que la naturalidad y no creo que haya
tiempo suficiente para que termine de creérmelo.
Y es en esa tablilla con los mandamientos que se le olvidó a
la cigüeña, donde se manifiesta la imperfección condicionada que im(com)plica
la felicidad, o al revés, no lo sé.
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