Never there

Ese sueño heló al tiempo.

Del idilio de Nuketown al bar del kilómetro 741 de la interestatal 60. Del frío cuando castigaba el sol al calor que se ciñió cuando abandonó la escena del crimen perfecto.

La resurrección reencarnada en una ilusión que duró lo que tardó en mostrarse desnuda.

La bandera blanca que ondeó a media asta, que destapó la conspiración de la prosperidad, del amor a la vida, de la plenitud...

Conjugó el silencio como le enseñaron a no hacerlo. Exprimió la felicidad para convertirla en palabras y recordar lo que se siente cuando recorre tus venas.

Bebió del elixir envenado para volver a su encuentro, y lo peor, lo volvería a hacer.

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