Pasaporte

Soy mi peor enemigo, mi verdugo, mi cárcel, mi condena...

Para limpiarme el barro me parece buena idea sanearme con lo que a la postre será el siguiente charco, y así sucesivamente.
La adicción personificada llama a mi puerta para luchar contra sí misma: como tenerle miedo al miedo.

Es la serpiente que se muerde la cola. Es mi cabeza dando órdenes que hoy tienen sentido y que cuando lo pierdan unas horas después, no lo volverá a encontrar.

En bucle.


Seguimos soñando.

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