Menos yo

Lo malo de pensar mucho es que se piensa demasiado. Al menos yo.

Una idea merodea mi cabeza, a la espera de un hueco por el que poder asomarse, y pum, lo consigue. Entonces sus amigas vienen detrás, con ella, y se cuelan cuando ni siquiera me estoy dando cuenta.

El resultado final es una fiesta a la que todos han sido invitados, menos yo.

Así funciona, viviendo una vida que no es la tuya y tomando unas decisiones que tampoco lo son.

Y nunca es suficiente.


Seguimos soñando.

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