Saw
¿Cómo vas a amar la vida si no sabes lo que vale y no sabes apreciarla?
¿Has visto la saga Saw?
Tengo la impresión de haber sido de los pocos que la han visto no por el gore, la sangre y las auténticas carnicerías, sino por el trasfondo de las películas.
Antes la gente temía a la muerte, ahora no saben apreciar la vida, que no es lo mismo, y de eso van las películas.
Las primeras, para mí las mejores, ponen a los protagonistas ante auténticos "retos" en los que para seguir con vida han de realizar un auténtico sacrificio. Uno de verdad. Uno de los que no hay marcha atrás. Esos protagonistas eran por norma general gente que no sabe apreciar; ya sea la amabilidad, la honestidad, en general los valores o algo tan importante como la vida.
Me gustaba porque se ataban los cabos que fueran necesarios para que el juicio que se había llevado a cabo a la persona fuera correcto y en un breve momento tuviera que hacer frente a sus faltas y a su forma de ser.
Algunos se rinden, otros no. Otros luchan.
Más tarde, en las siguientes películas, esa esencia se perdió. Dejó de haber juicios individuales y, en mayor o menos medida, acertados, para darle más morbo a las situaciones e introducir más gente, más personajes, gente cercana a los protagonistas. Gente que en vez de tener sus propias pruebas para salvar sus vidas, dependía de lo que estuviera dispuesto a sacrificar nuestro, sin quererlo, demasiado justiciero protagonista.
¿Hasta qué punto harías una cosa así? No hace falta enfrentar a una persona a la muerte para que aprecie su vida; por ejemplo en la carretera te encuentras decenas de casos cada día, casos en los que la gente no respeta las señales y las normas con el fin de llegar tan solo unos segundos antes.
¿Hasta qué punto eres quién para, con buena intención, intentar corregir y enseñar a otros?
Demasiada prepotencia hay por ahí como para permitirse tal lujo... De ahí que (Jig)Saw haga tales barbaridades para que salven sus vidas, porque parece que a veces no hay otra forma de aprender que la de estrellarse bien fuerte contra la pared.
SEGUIMOS SOÑANDO.
¿Has visto la saga Saw?
Tengo la impresión de haber sido de los pocos que la han visto no por el gore, la sangre y las auténticas carnicerías, sino por el trasfondo de las películas.
Antes la gente temía a la muerte, ahora no saben apreciar la vida, que no es lo mismo, y de eso van las películas.
Las primeras, para mí las mejores, ponen a los protagonistas ante auténticos "retos" en los que para seguir con vida han de realizar un auténtico sacrificio. Uno de verdad. Uno de los que no hay marcha atrás. Esos protagonistas eran por norma general gente que no sabe apreciar; ya sea la amabilidad, la honestidad, en general los valores o algo tan importante como la vida.
Me gustaba porque se ataban los cabos que fueran necesarios para que el juicio que se había llevado a cabo a la persona fuera correcto y en un breve momento tuviera que hacer frente a sus faltas y a su forma de ser.
Algunos se rinden, otros no. Otros luchan.
Más tarde, en las siguientes películas, esa esencia se perdió. Dejó de haber juicios individuales y, en mayor o menos medida, acertados, para darle más morbo a las situaciones e introducir más gente, más personajes, gente cercana a los protagonistas. Gente que en vez de tener sus propias pruebas para salvar sus vidas, dependía de lo que estuviera dispuesto a sacrificar nuestro, sin quererlo, demasiado justiciero protagonista.
¿Hasta qué punto harías una cosa así? No hace falta enfrentar a una persona a la muerte para que aprecie su vida; por ejemplo en la carretera te encuentras decenas de casos cada día, casos en los que la gente no respeta las señales y las normas con el fin de llegar tan solo unos segundos antes.
¿Hasta qué punto eres quién para, con buena intención, intentar corregir y enseñar a otros?
Demasiada prepotencia hay por ahí como para permitirse tal lujo... De ahí que (Jig)Saw haga tales barbaridades para que salven sus vidas, porque parece que a veces no hay otra forma de aprender que la de estrellarse bien fuerte contra la pared.
SEGUIMOS SOÑANDO.
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