Moscow

No debería reducirse al mecanismo del teléfono rojo de la Guerra Fria. Más bien debería, en caso de existir, un botón no solo para lo malo sino también para lo bueno.

Un botón que ya que puede acabar en segundos con cualquier esfuerzo por mayúsculo que resulte, también pueda resucitarlo o incluso crearlo, ¿no?

Lo mismo con las cosas, las personas, las relaciones...

Ahí lo dejo.


Seguimos soñando.

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