De ideas fijas

No se me va de la cabeza. A nadie le gustan los barrotes de su propia prisión... Hasta que dejo de verlos como barrotes y empiezo a cogerles cariño.

Caigo en mis propias trampas, en mis propios agujeros negros. Me agobia la idea de pensar que atraigo hacia mis porquerías a quienes más quiero... Me asusta mucho, de verdad.


Seguimos soñando.

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