Run
Hoy escribo sin música, con el corazón en la mano, a corazón abierto. Por norma, las letras propias que más me gustan son las que surgen de mí a través de alguien o algo.
La música se lleva la palma, aunque algún momento emotivo, alguna situación o el alcohol también tienen que ver con lo que para mí son mis mejores escritos. De los peores momentos, mis mejores relatos.
Es como si cada vez que alguno de esos acudiera a mí, fuera capaz de hacer brotar el dolor y ahuyentara a cada uno de los males que se encuentran encerrados en lo más profundo de mi cabeza. Lo visualizo como una cárcel, y lo es, aunque no la mayor parte del tiempo.
Me ha ayudado mucho empezar a ser consciente de ello, ponerle nombre a aquello que lo tiene y no lo sabía, y sobre todo, las metáforas. Me ayudan a visualizar lo que me ocurre, lo que mi alrededor quiere mostrarme y lo que yo les muestro a ellos.
Hoy escribo sin música, sin factor externo que debilite esa coraza que me caracteriza. El cuerpo me lo pide, a gritos, la echa de menos; quiere su zona de confort, quiere volver a donde estaba, a donde nadie le molestaba, a donde estaba solo con mis pensamientos, quiere su droga medicinal, la que callaba lo que no quería ni soportaba escuchar.
Escribo en favor del punto de inflexión que se queda "en la punta de la lengua", que tanto llevo esperando, que quiere venir pero que desfallece a medio camino.
Hoy escribo libre y preso; libre porque cada túnel tiene su salida, y preso porque no tiene porqué ser fácil encontrarla.
Escribo triste e ilusionado; triste por sentir el abandono de la ilusión insana que tenía por ser y estar triste, e ilusionado por dejar de estar triste.
Escribo sin temor, a tumba abierta, porque lo que hoy me hunde en el pozo de mi montaña rusa, será lo que mañana haga madrugar al sol.
Seguimos soñando.
La música se lleva la palma, aunque algún momento emotivo, alguna situación o el alcohol también tienen que ver con lo que para mí son mis mejores escritos. De los peores momentos, mis mejores relatos.
Es como si cada vez que alguno de esos acudiera a mí, fuera capaz de hacer brotar el dolor y ahuyentara a cada uno de los males que se encuentran encerrados en lo más profundo de mi cabeza. Lo visualizo como una cárcel, y lo es, aunque no la mayor parte del tiempo.
Me ha ayudado mucho empezar a ser consciente de ello, ponerle nombre a aquello que lo tiene y no lo sabía, y sobre todo, las metáforas. Me ayudan a visualizar lo que me ocurre, lo que mi alrededor quiere mostrarme y lo que yo les muestro a ellos.
Hoy escribo sin música, sin factor externo que debilite esa coraza que me caracteriza. El cuerpo me lo pide, a gritos, la echa de menos; quiere su zona de confort, quiere volver a donde estaba, a donde nadie le molestaba, a donde estaba solo con mis pensamientos, quiere su droga medicinal, la que callaba lo que no quería ni soportaba escuchar.
Escribo en favor del punto de inflexión que se queda "en la punta de la lengua", que tanto llevo esperando, que quiere venir pero que desfallece a medio camino.
Hoy escribo libre y preso; libre porque cada túnel tiene su salida, y preso porque no tiene porqué ser fácil encontrarla.
Escribo triste e ilusionado; triste por sentir el abandono de la ilusión insana que tenía por ser y estar triste, e ilusionado por dejar de estar triste.
Escribo sin temor, a tumba abierta, porque lo que hoy me hunde en el pozo de mi montaña rusa, será lo que mañana haga madrugar al sol.
Seguimos soñando.
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