Puede que sí

Aprendí a mentir y no solo a eso, a creerme mis mentiras. Lo más peligroso de una mentira es que caigas en su propia trampa y te la termines creyendo. A mí me enseñaron que si no te la crees tú, nadie más se la creerá.

La rehabilitación me daba tanto miedo que ni si quiera formaba parte de mis planes, no concebía que llegase el día. Hasta que llegó, y con él la verdad. Dichosa verdad. Dichoso día.


SEGUIMOS SOÑANDO.

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