Mi suerte (II)

Llevo perdido más tiempo del que recuerdo. En el papel escupía parte de mi alma, de mis números, de mis miedos.

Cuanto más me perdía más trataba de aferrarme a algo que hiciera las veces de timón, de brújula, de bote salvavidas.

Lo primero que taché, a regañadientes, de mi lista fue a la suerte. Quise pensar que no habría ninguna fuerza sobrenatural que se encargase de decidir por mí.

Aunque sin todo el sentido que me hubiera gustado que tuviera, me la creí; la marqué a fuego y seguí hacia delante, sin guía, consciente de que sería yo quien andase y no la suerte quien caminase por mí.

Hasta hoy. Nada a cambiado, o todo, según se vea. No hay timonel ni capataz, solo una relación de amor odio con algo que ni sé si existe.


SEGUIMOS SOÑANDO.

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