La última

Hoy tocaba, hoy ha sido ese día que llevaba posponiendo hace meses, incluso años.
Era ley de vida que algún día me enseñara lo único que jamás quería tener que aprender, a sentir esa enorme presión en el pecho, las ganas de gritarle al viento cuatro cosas o de gritar a los cuatro vientos, de saltar, de correr, de llorar, de explotar...
Es de las pocas veces que la conciencia es consciente de la lección que con embudo, poco tacto y a la fuerza está aprendiendo. Y tampoco ese es el verbo correcto, de aprender tiene poco, más bien sería aceptar; aceptar que un cabo no ha sido atado y que así debe quedarse, sin resolver, sin lamentos, sin remordimientos.

Qué bonita palabra, "remordimientos", y qué difícil me resulta superarlos.

Era esta la última bala que sostenía un cargador anticuado y fuera de época.
Era esta la última bala que evitaba la tela de la araña, que se resistía a abandonar un buque que tiraba de carácter para tapar los agujeros de su final.

Adiós a la última bala que me quedaba.

Adiós, inocencia, adiós.


SEGUIMOS SOÑANDO.

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