Al filo

Recuerdo aquellas tardes frías de invierno en las que no dolía el frío... Dolían la soledad y ese sentimiento de abonado que recorría mis frías venas, cada día más inertes, cada día más vacías, cada día preguntándose... ¿Para qué? ¿Para qué llevar algo que tú desprecias, algo que te gustaría no tener, algo que sin ello, se acabaría esa pesadilla que llamas vida?

Razón no le faltaba, estaba desesperada, estaba sola, sola en el silencio. Nadie escuchaba sus gritos. Eran gritos mudos, gritos de silencio desde la soledad. Gritó y gritó hasta que se quedó sin fuerzas, hasta que su cuerpo y su mente dijeron basta. Estuvo días entre el filo de la cuchilla, y si sigue aquí es que la cuchilla decidió bien.


SEGUIMOS SOÑANDO.

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