Tatuajes

Pocos temas tan dispares conozco como el de los tatuajes. Para unos, una manera de expresarse, de recordar, de sentirse bien... Para otros, la aberración más grande al cuerpo humano. Poca gente conozco que se encuentre en el punto medio y, aunque me encante ser abogado de las causas perdidas, este no es el caso.

A una parte de mí le han llamado la atención desde que tengo uso de razón mientras que a la otra no le terminan de convencer aspectos como el de "para toda la vida". Es por eso que llevando ambos puntos de vista en el cuerpo me resulta difícil posicionarme, aunque si no lo hago no es precisamente por eso.

Un tatuaje, para mí, supondría algo especial, algo importante, algo de lo que no me quiero desprender o que no quiero explicar. Como tan solo tengo el concepto en mi cabeza no puedo poner ejemplos, y precisamente ahí es donde nace mi problema: en que no lo sé. No sé qué es importante para mí, o qué lo es tanto como para que me acompañe toda la vida.


Algunas cosas, cercanas y cotidianas, podrían entrar en el meritorio e inalcanzable saco de "cosas tatuables", pero pierden su admirada condición en tanto en cuanto no son originales, no se me han ocurrido a mí, "no son mías".

Ahí es donde reside mi disyuntiva, mi lástima y la parte de mí que frena cualquier locura.



SEGUIMOS SOÑANDO.

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