Metáfora

Hoy voy a contarte una historia especial, una historia larga, la historia de mi vida.

Hace unas horas he salido a montar en bicicleta. Desde hace tiempo hay un miedo inherente a mí, de esos que han calado hondo, que más se parece a una fobia que a un miedo pasajero.
Tras mi caída en Andorra hace unos veranos, la velocidad encima de la bicicleta es un tema que me cuesta digerir y por eso procuro, cuando salgo a montar, no hacerlo muy lejos de casa. Es una tontería, pero me da seguridad pensar que cuando quiera volverme tardo solo unos minutos en llegar.
Hoy no me apetecía mucho salir, como viene siendo costumbre, y sin embargo las ganas han podido a los elementos y me he animado. Unos minutos tranquilos encima del sillín me han dado alas y me he animado a ir más lejos, donde solía ir, consciente de que iba a abandonar por completo mi zona de confort.

Cuando he alcanzado el punto más lejanao ha empezado a llover. Llover es poco, caían chuzos de punta, de los que calan, de los que traspasan la ropa y la piel hasta llegar a los huesos. Muchas cosas han pasado por mi cabeza mientras el viento en contra y la incesante lluvia, que no hacía más que arreciar, impactaban contra mí. Pensaba en parar, en resguardarme, en "rendirme". Pensaba en llamar a alguien que pudiera venir a echarme un cable porque lo estaba pasando bastante mal... Me carcomía cada gota, cada cual más fría que la anterior, viendo que el resto de gente se había resguardado.

Me he preguntado, en un intento desesperado de recuperar la cordura, que qué era lo peor que podía pasarme si proseguía... Y mi sorpresa ha sido que en un primer momento solo han surgido excusas, excusas que tenían sentido pero no eran más que burdos intentos de tumbarme, de hacerme parar.
He seguido, cuando una parte de mí me imploraba que parase, cuando cualquiera en su sano juicio me hubiera dicho que parara un rato hasta que amainase.

No.

No lo he considerado opción. No he hecho caso a esa vocecita en mi cabeza. Esta vez no ha sido mi aliada la música, no, no le he hecho caso. He sido yo, solo yo. Me he vencido y he seguido.

He supuesto que las cosas se pondrían feas, quedaban aún por recorrer la parte más difícil y la más temerosa antes de volver a casa.
Cuando estaba bajando esa tremenda cuesta abajo, con el piso completamente encharcado, sin apenas control en los frenos y mucho miedo, algo ha rugido dentro de mí, algo que me ha hecho gritar, estallar.

Nunca antes lo había hecho, nunca antes me había salido algo así.

Esa es mi vida...

SEGUIMOS SOÑANDO.

Comentarios