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Puede que en el camino que comencé hace unos meses hoy haya sido el día más duro.

Yo, diferente, distante, tranquilo a la par que preocupado. Un revés con el que nadie contaba. Días así, que tanto cuesta pasar, son los que antes termino olvidando. Los olvido a ellos, no lo que significan.

Existe una escala de un uno al diez, donde el diez es el mejor estado de ánimo posible, producido mayoritariamente por cosas que no espero y que me sorprenden al máximo, tanto que me hacen plantearme si las merezco, y donde el uno es un momento como ahora, después de un día de esos que no deberían existir. A  días como hoy no les basta con mermar 24 horas, no. Consiguen que durante días, incluso semanas, no haya un solo aprobado, ni se llegue al cinco, no.

Y si alguna cosa externa se lo tomara a pecho y quisiera que mi día fuera más que un cinco raspado, lo consigue. Parece fácil, no lo es y de veras lo consigue... Hasta la mañana siguiente, a la mañana siguiente no hay excusas, no hay motivos, pero vuelve el suspenso.

Hoy se me antoja difícil soñar. Es difícil soñar cuando se tambalean los pocos cimientos que tienes.

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