El destino: quizás no
No iba a ser un buen día. Hace mucho tiempo, cuando aún creía que tenían sentido teorías que no solucionaban más que mi insaciable hambre de encontrarle soluciones a problemas que parecían irresolubles, desarrollé una acerca del destino.
Decía que aunque no sepamos qué está escrito y nunca lo vayamos a saber, nuestro destino sí que lo está, igual que también está escrito con quién se cruzará, quién lo mejorará y quién no.
La principal incógnita que esta teoría sin sentido arroja es la de la libertad... ¿Cómo voy a ser libre si ya está escrito lo que voy a hacer? Si lo piensas unas cuantas veces comprendes que la pregunta no implica la cohibición de libertad, más bien lo contrario...
Tan solo es una teoría y tan solo un punto de vista con el que coincidir o no, no es más.
En cambio, esté o no escrito mi destino, a veces pienso que pocas cosas serían capaces de cambiar algo que creo que va a suceder, sobre todo si se trata de algo malo. Es curioso este punto de vista tan pesimista, porque de nuevo, si se vuelve a pensar con detenimiento... ¿Por qué ocurriendo con las cosas malas, no iba a ocurrir con las buenas?
Dejando de lado este pequeño intríngulis, y retomando el camino de tan ansiada y últimamente odiada probabilidad, todo es posible porque todo es probable. Es indiferente la cantidad de posibilidades que haya de que ocurra, en cuanto haya una es posible que ocurra, como ya nos advirtió nuestro amigo Murphy con su famosa ley.
Hoy no iba a ser un buen día, y resulta que no lo ha sido. No ha sido malo, no ha sido de esos días en los que la mayor probabilidad vence y parece como si el libro del destino estuviera al alcance de cualquiera. Más bien ha sido uno de esos que parece que no lo está, y que tan solo soy un pequeño barco a la deriva expectante, aguardando a otro más grande o un fuerte oleaje decida mi devenir.
Tan solo son maneras de verlo, pero qué triste sería verlo así, ¿no?
SEGUIMOS SOÑANDO.
Decía que aunque no sepamos qué está escrito y nunca lo vayamos a saber, nuestro destino sí que lo está, igual que también está escrito con quién se cruzará, quién lo mejorará y quién no.
La principal incógnita que esta teoría sin sentido arroja es la de la libertad... ¿Cómo voy a ser libre si ya está escrito lo que voy a hacer? Si lo piensas unas cuantas veces comprendes que la pregunta no implica la cohibición de libertad, más bien lo contrario...
Tan solo es una teoría y tan solo un punto de vista con el que coincidir o no, no es más.
En cambio, esté o no escrito mi destino, a veces pienso que pocas cosas serían capaces de cambiar algo que creo que va a suceder, sobre todo si se trata de algo malo. Es curioso este punto de vista tan pesimista, porque de nuevo, si se vuelve a pensar con detenimiento... ¿Por qué ocurriendo con las cosas malas, no iba a ocurrir con las buenas?
Dejando de lado este pequeño intríngulis, y retomando el camino de tan ansiada y últimamente odiada probabilidad, todo es posible porque todo es probable. Es indiferente la cantidad de posibilidades que haya de que ocurra, en cuanto haya una es posible que ocurra, como ya nos advirtió nuestro amigo Murphy con su famosa ley.
Hoy no iba a ser un buen día, y resulta que no lo ha sido. No ha sido malo, no ha sido de esos días en los que la mayor probabilidad vence y parece como si el libro del destino estuviera al alcance de cualquiera. Más bien ha sido uno de esos que parece que no lo está, y que tan solo soy un pequeño barco a la deriva expectante, aguardando a otro más grande o un fuerte oleaje decida mi devenir.
Tan solo son maneras de verlo, pero qué triste sería verlo así, ¿no?
SEGUIMOS SOÑANDO.
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