Sin perdón

Esa incesante sed de sangre que no mengua,
ese instinto animal que renace por momentos,
esos pensamientos infernales que estremecen cada rincón de mi cuerpo,
y esa piel de gallina que augura adrenalina en estado puro, la temo.

Canciones en modo repetición,
semblante serio,
lágrimas con sabor a redención,
malas noticias y tentaciones en forma de posts.

Creía que era culpa del destino, pero no,
tristeza como hábito,
ilusiones muertas,
palabras encadenadas sin sentido, sensibilidad a precio de saldo,
versos inacabados,
escritos diarios pensando en la droga más dura, sus labios.

No es momento de pensar en eso; miradas perdidas,
caras largas,
almas luchando contra no se sabe qué,
ni quién
pero convencidas de su causa.
Rendidas ante rayadas que parecen laberintos,
no hay brújula que valga,
no hay salida a la vista,
tampoco hay pausa que justifique esta muerte adelantada.

Nadie dijo que sería así, nadie me habló de este tormento.
Sueños frustrados,
cada día más problemas,
tantos como estrellas estrellándose contra mis propios pecados.
Quizá soy yo está tirando piedras a mi propio tejado..

Ideas fugaces,
la culpabilidad me ha clavado una lanza en el pecho,
no puedo hacer las paces,
el peso de la culpa aprieta mi cabeza contra el suelo,
atrapado entre sus fauces,
no es mi enemigo, es mi infierno.


El dolor me ha cambiado por completo. Lo reconozco y no me reconozco.
Las canciones tristes no causan su efectos, tampoco los focos.
No peco de bueno, y aún así soy tonto.

En esto ya estoy solo, tras demasiados esfuerzos no me lo perdono.
Me estoy volviendo loco mientras intento salir de todo esto poco a poco,
pero no puedo,
todo lo que toco lo rompo, me destrozo.
Demasiados corazones rotos, demasiadas maldiciones sobre mis hombros,
no hay descanso, solo lo empero.
Quien parecía una oveja más del rebaño, es el lobo.
Creí que era el torero, pero soy el toro.


SEGUIMOS SOÑANDO.

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