Llovía

Con la cabeza alta pero la mirada perdida, con la cara mojada pero no por la lluvia, por mis retinas; con un feo interior acorde con el clima. Con unas cadenas gordas pero menos que el nudo de la garganta. Con unas cadenas muy grandes pero no tanto como el peso del mar cuyo nombre propio deslizaba por mis mejillas.

Porque siempre hay luz para el caminante que aun tropezando camina. Nunca dejan de pasar los trenes aunque a veces parezca que el problema será ser capaz de llegar hasta él. Lo difícil se vuelve fácil, lo fácil parece tornarse imposible.

Y mira que yo nunca confié en cara desconocidas pero a veces se mete por ti quien menos lo imaginas. Más nombres y apellidos, de esos que tiemblo si los recuerdo. También llovía cuando todos los otros me respetaron, me quisieron y mataron por mí; cuando se mataron para que olvidara todo lo malo... No supe estar ahí para ellos... Los perdí, esa cicatriz nunca me la perdonaré.

Ningún dios me guía, más bien se plantean si tirarme ya la última pero partí estadísticas abrazando a la ruina. Equilibré mi mente, cogí del cuello a la vida, salí de la oscuridad. Un día, de repente, dejó de llover. La realidad dicta que lo hizo hace mucho tiempo pero no me había dado cuenta. Ese día temblé más que nunca porque sabía que estaba saliendo. Atrás quedaron las ruinas, atrás quedaron las lágrimas, la sangre, los días a oscuras y las noches a solas.

He llegado a mi casa que ni me reconocían pero también he bajado de ella con la cara partida. Salí gracias a una sola persona, una que aunque no me creas, aunque no me lo crea, me dio la vida: yo. Nadie más podía hacerlo. Llegué con la cara desfigurada y me fui con esas cadenas que en mis pesadillas vuelven a aferrarse bien fuerte.

Hay cosas que no son lo que valen, son lo que significan: como mi gorra aunque sonría, como un te echo de menos, como una lágrima mía. Significa lo que vale pero no vale lo que significa. Hubo que sudar, llorar y sangrar para conseguir una sonrisa, un te echo de menos y una sola lágrima. Sin sentimientos, sin corazón, hasta la montaña más pequeña resulta infranqueable.

El insomnio lleva a esta bala perdida, sin autoestima, dirección puesta hacia su casa vacía. Mis pasos solo hacían círculos sinsentido, igual que mi cabeza, mi autoestima y mis ganas de salir de ellos.

Muy poca gente de verdad en tu familia; ni en las buenas, ni en las malas, durante toda mi vida. Sorprende a la par que entristece, pero fue esa persona que me sacó de todo eso la única que estuvo ahí. Más triste resulta ver que quien no debía pasó mucho más tiempo, esa pieza en el tablero que estuvo clavada desde que no le di permiso para hacerlo.

Abre la puerta y nadie le da la bienvenida... La soledad a cualquier corazón enfría sea pequeño gigante, para eso no existe medidas; solamente se acaba rechazando la compañía. Mi mejor amiga, la que me imploraba no salir, la que me lloraba para quedarse conmigo, la que me intoxicó de mí mismo, la que dirige todas mis pesadillas.


SWIT EME - Llovía.


SEGUIMOS SOÑANDO.


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