Rotondas
Desde hace tiempo que paso esporádicamente por una zona en la que se plantea una compleja circunstancia vial.
Puede no parecer tan interesante, sin embargo desde que comprendí la enjundia del tema, cada vez que paso por allí se me plantea una duda que no consigo resolver.
La situación es la siguiente: hay una rotonda, de tal forma que los que vienen en línea recta pueden continuar por su carril, previa pequeña curva propia de una rotonda pequeña, o bien girar a la izquierda realizando un ángulo de noventa grados.
Para estos segundos hay un semáforo que, viniendo por el ya mencionado sentido, suele estar en rojo. Ante ese semáforo se presentan tres carriles con flechas pintadas en el suelo; en el carril de la izquierda la flecha indica obligatoriedad a la izquierda, no pudiendo realizar el ángulo de noventa grados sino teniendo que completar uno de ciento ochenta. Y los otros dos carriles, los situados a la derecha, sirven para continuar de frente.
El problema viene cuando, de los dos carriles de la nueva calle, el de la izquierda se sitúa a la altura, de los tres mencionados anteriormente, el de la izquierda del todo. Eso significa que nadie respeta las señales y los que, posicionados en el carril izquierdo, deciden no realizar el ángulo de ciento ochenta grados el carril izquierdo obligan a los del central a irse al derecho, pasándole el problema a los del derecho.
Desde que aprendí cuál es la manera correcta de circular por esa rotonda me fijo, decepcionado y sorprendido a partes iguales, en lo terca que puede ser la gente. Y por tanto, se me plantea la duda: ¿He de hacerlo yo mal, como lo hace todo el mundo, a sabiendas de que si algún día alguien lo hace bien yo entorpezca su maniobra, o por el contrario he de hacerlo bien y cada vez que uno lo haga mal y me eche a mí la culpa, me calle deseando que algún día entiendan cómo se hace?
Puede no parecer tan interesante, sin embargo desde que comprendí la enjundia del tema, cada vez que paso por allí se me plantea una duda que no consigo resolver.
La situación es la siguiente: hay una rotonda, de tal forma que los que vienen en línea recta pueden continuar por su carril, previa pequeña curva propia de una rotonda pequeña, o bien girar a la izquierda realizando un ángulo de noventa grados.
Para estos segundos hay un semáforo que, viniendo por el ya mencionado sentido, suele estar en rojo. Ante ese semáforo se presentan tres carriles con flechas pintadas en el suelo; en el carril de la izquierda la flecha indica obligatoriedad a la izquierda, no pudiendo realizar el ángulo de noventa grados sino teniendo que completar uno de ciento ochenta. Y los otros dos carriles, los situados a la derecha, sirven para continuar de frente.
El problema viene cuando, de los dos carriles de la nueva calle, el de la izquierda se sitúa a la altura, de los tres mencionados anteriormente, el de la izquierda del todo. Eso significa que nadie respeta las señales y los que, posicionados en el carril izquierdo, deciden no realizar el ángulo de ciento ochenta grados el carril izquierdo obligan a los del central a irse al derecho, pasándole el problema a los del derecho.
Desde que aprendí cuál es la manera correcta de circular por esa rotonda me fijo, decepcionado y sorprendido a partes iguales, en lo terca que puede ser la gente. Y por tanto, se me plantea la duda: ¿He de hacerlo yo mal, como lo hace todo el mundo, a sabiendas de que si algún día alguien lo hace bien yo entorpezca su maniobra, o por el contrario he de hacerlo bien y cada vez que uno lo haga mal y me eche a mí la culpa, me calle deseando que algún día entiendan cómo se hace?
SEGUIMOS SOÑANDO.
Día transitorio-negativo: comenzó bien, no lo ha terminado tanto.
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