Hervás
Había un carismático profesor en mi colegio que no llegó a darme clase pero con el que sí tuve trato.
Odiado por unos y amado por otros, como de costumbre, conocí su mejor faceta al terminar mi estancia allí, en la que comprendí otra interesante tira de cosas. Pero esa... Esa es otra historia.
Odiado por unos y amado por otros, como de costumbre, conocí su mejor faceta al terminar mi estancia allí, en la que comprendí otra interesante tira de cosas. Pero esa... Esa es otra historia.
Guardo un buen recuerdo de una charla que nos dio hace, como poco, diez años. Lo que más me impacta es que tan solo la he entendido hace un par de días, antes me parecía que el hombre estuviera un poco loco y que estuviera perdiendo el tiempo. Conservaba un vago recuerdo, solo eso.
Su teoría, ahora no solo comprendida sino que puesta en práctica y casi hasta alabada, no necesita comparaciones, no explicaciones, solo ser vivida.
La única asignatura que impartía, además de las clases era director de no sé cuántas cosas, era dibujo técnico. Tenía una excelente visión espacial y le gustaba mucho el mundillo. Tanto era así que por su cumpleaños su hija le regaló algo así como una tableta de edición gráfica. En su día nos explicó en qué consistía pero por lo visto me quedé con la enjundia del mensaje y no he retenido bien los detalles. Decía que llevaba años esperando que sacaran esa tableta, que había investigado y leído rumores a mansalva, hasta que desistió en la lucha pasados unos años. Hasta que llegó la sorpresa, y con la sorpresa la ilusión.
Tanta era la ilusión que profesaba que decidió guardarlo tal y como venía de fábrica cada vez que lo utilizase, a sabiendas de que tardaba más de una hora en montarlo cada vez que lo utilizaba.
Tanta era la ilusión que profesaba que decidió guardarlo tal y como venía de fábrica cada vez que lo utilizase, a sabiendas de que tardaba más de una hora en montarlo cada vez que lo utilizaba.
Y es que si queremos que la ilusión perdure, solo depende de nosotros conseguirlo. Está en nuestras manos.
SEGUIMOS SOÑANDO.
SEGUIMOS SOÑANDO.
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