Finales felices

Todo lo bueno se acaba... Solo conozco una excepción.

Siento que no tengo un hogar, que el que debería tener me rechaza y el que me gustaría tener parece prohibido.

No me reconozco, tampoco al resto. Efectos secundarios de lo primero. Será mi culpa, aunque eso ya de igual.

Todo lo bueno se acaba y lo mismo que me mantiene a flote es lo que me hunde. Es extraño, igual que todo esto.

Al menos, allí me sentía libre e incluso llegué a creer que lo era. Aquí vuelvo a sentir la presión de una condena que pesa demasiado y de una cadena que atenta contra mi libertad y aprieta aunque no ahoga.


SEGUIMOS SOÑANDO.

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