Day one
Hay un extraño sentimiento que me invade de vez en cuando. Es de esos con potestad para modificar los estados de ánimo, de esos que ni si quiera tienen un estilo de música al que acogerse y que se venden al primer postor, que resulta ser finalmente el director de orquesta.
Mientras mis mundos se pelean a muerte entre ellos, sin darse cuenta, por conseguir menos implicación de la que ya tienen, los destrozos propios de una encarnizada batalla pasan factura.
No negaré que echaba de menos ese extraño sentimiento, más propio de los años oscuros en los que yo mismo luchaba por la supremacía del que, por norma, siempre terminaba perdiendo.
Al compás que el director marca, mis oídos caen rendidos a su imponente fuerza, al camino que su batuta marca. Esa batuta que tantas batallas ha dirigido y tantas ha perdido.
Sea como fuere, ganes o pierdas, no me separaré de ti.
SEGUIMOS SOÑANDO.
Mientras mis mundos se pelean a muerte entre ellos, sin darse cuenta, por conseguir menos implicación de la que ya tienen, los destrozos propios de una encarnizada batalla pasan factura.
No negaré que echaba de menos ese extraño sentimiento, más propio de los años oscuros en los que yo mismo luchaba por la supremacía del que, por norma, siempre terminaba perdiendo.
Al compás que el director marca, mis oídos caen rendidos a su imponente fuerza, al camino que su batuta marca. Esa batuta que tantas batallas ha dirigido y tantas ha perdido.
Sea como fuere, ganes o pierdas, no me separaré de ti.
SEGUIMOS SOÑANDO.
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