Seguimos soñando
Quiero contarte algo. No sé si se entenderá de lo que hablo, espero que sí.
Hace unos años, en uno de los peores bajones que recuerdo, cuando no había nadie más ahí y no sabía cómo acabar con la agonía que me rodeaba, decidí escribir lo que sentía. Recuerdo y anhelo las primeras frases que publiqué, que no tenían coherencia ni sentido...
Por no tener, no tenían ni un final. Tan solo eran ondas expansivas de unas explosiones que no salían de mi cabeza, que creí que acabarían tarde o temprano conmigo y que conseguí paliar mediante las palabras. Inefable es lo que siento al recordar aquella magia...
Hacía de aquellas palabras en mi salvación. Con el paso del tiempo me di cuenta de que había salido de un bache gordo gracias a ellas y no solo eso, sino que había quedado patente. Y pensé... Si a mí me han ayudado quizás puedan ayudar a alguien más.
Seguí escribiendo como hasta entonces, con la nueva ilusión y motivación de que quizás alguien más pudiera salir beneficiado de lo que yo había superado. Eso me daba la vida, aunque realmente no pasara, la sola idea de que así fuera me colmaba de alegría.
Llegando incluso a ayudarme a estar bien el hecho de pensar que esos bajones que vivía debían ser mi fuente de inspiración y mi motor para seguir escribiendo. Creo que no llegué a ser consciente de la fuerza que tenía la otra persona de la pantalla hasta demasiado tiempo después...
Con el tiempo creé otro blog, uno diferente, en el que escribir algo todos los días. Por diversión y para intentar no escribir siempre sobre cosas tristes y cómo verlas desde otros puntos de vista un poco más realista u optimistas.
Supuse que al hacerlo esa magia que me acompañaba desde hacía tanto tiempo se iría y ya nadie querría leer lo que para mí eran tonterías, mis tonterías. Supuse una calurosa acogida, la misma que tenían los escritos del otro blog.
Cuál fue mi sorpresa que pasaban los días y veía que la gente respondía, que seguían viniendo a leerme. Cada día la misma historia y he de admitir que vivía plenamente feliz de ser el protagonista de esa historia.
Nunca me he fiado mucho del contador de la página del blog, así que hace unos meses, debido a la terrible vergüenza que me daba preguntarte y su hermano, el terrible miedo a las posibles respuestas, decidí intentar averiguar de dónde venían esas visitas, saber quién me leía.
Antes de encontrar una fuente que parecía más fiable, supuse que quienes me leían eran las personas cercanas a mí. Mayúscula fue mi sorpresa al ver que nada más lejos de la realidad: me leía más gente de la que esperaba.
Para mí nunca ha sido importante saber el número de personas que lo hacían, sino si realmente podía gustarle lo que leían. Dado que ningún parámetro mide eso, me fijé en los que más cerca se podían quedar de ello.
Y se produjo el milagro. No solo me leía más gente y también repetía, sino que cuando lo hacían, lo hacían durante un buen rato.
Por naturaleza rechazamos lo que no entendemos, así que supongo que si no te ha pasado algo parecido pensarás que se me ha ido la cabeza con todo esto.
Tan solo quería compartir hoy la alegría, la felicidad, la fuerza y lo agradecido que me siento por todo lo que me ha pasado, por todo lo que me has hecho pasar. Quería que algún día fueras consciente de lo importante que has sido para mí. Ojalá algún día pueda corresponder todo lo que me has dado.
Muchas gracias.
Hace unos años, en uno de los peores bajones que recuerdo, cuando no había nadie más ahí y no sabía cómo acabar con la agonía que me rodeaba, decidí escribir lo que sentía. Recuerdo y anhelo las primeras frases que publiqué, que no tenían coherencia ni sentido...
Por no tener, no tenían ni un final. Tan solo eran ondas expansivas de unas explosiones que no salían de mi cabeza, que creí que acabarían tarde o temprano conmigo y que conseguí paliar mediante las palabras. Inefable es lo que siento al recordar aquella magia...
Hacía de aquellas palabras en mi salvación. Con el paso del tiempo me di cuenta de que había salido de un bache gordo gracias a ellas y no solo eso, sino que había quedado patente. Y pensé... Si a mí me han ayudado quizás puedan ayudar a alguien más.
Seguí escribiendo como hasta entonces, con la nueva ilusión y motivación de que quizás alguien más pudiera salir beneficiado de lo que yo había superado. Eso me daba la vida, aunque realmente no pasara, la sola idea de que así fuera me colmaba de alegría.
Llegando incluso a ayudarme a estar bien el hecho de pensar que esos bajones que vivía debían ser mi fuente de inspiración y mi motor para seguir escribiendo. Creo que no llegué a ser consciente de la fuerza que tenía la otra persona de la pantalla hasta demasiado tiempo después...
Con el tiempo creé otro blog, uno diferente, en el que escribir algo todos los días. Por diversión y para intentar no escribir siempre sobre cosas tristes y cómo verlas desde otros puntos de vista un poco más realista u optimistas.
Supuse que al hacerlo esa magia que me acompañaba desde hacía tanto tiempo se iría y ya nadie querría leer lo que para mí eran tonterías, mis tonterías. Supuse una calurosa acogida, la misma que tenían los escritos del otro blog.
Cuál fue mi sorpresa que pasaban los días y veía que la gente respondía, que seguían viniendo a leerme. Cada día la misma historia y he de admitir que vivía plenamente feliz de ser el protagonista de esa historia.
Nunca me he fiado mucho del contador de la página del blog, así que hace unos meses, debido a la terrible vergüenza que me daba preguntarte y su hermano, el terrible miedo a las posibles respuestas, decidí intentar averiguar de dónde venían esas visitas, saber quién me leía.
Antes de encontrar una fuente que parecía más fiable, supuse que quienes me leían eran las personas cercanas a mí. Mayúscula fue mi sorpresa al ver que nada más lejos de la realidad: me leía más gente de la que esperaba.
Para mí nunca ha sido importante saber el número de personas que lo hacían, sino si realmente podía gustarle lo que leían. Dado que ningún parámetro mide eso, me fijé en los que más cerca se podían quedar de ello.
Y se produjo el milagro. No solo me leía más gente y también repetía, sino que cuando lo hacían, lo hacían durante un buen rato.
Por naturaleza rechazamos lo que no entendemos, así que supongo que si no te ha pasado algo parecido pensarás que se me ha ido la cabeza con todo esto.
Tan solo quería compartir hoy la alegría, la felicidad, la fuerza y lo agradecido que me siento por todo lo que me ha pasado, por todo lo que me has hecho pasar. Quería que algún día fueras consciente de lo importante que has sido para mí. Ojalá algún día pueda corresponder todo lo que me has dado.
Muchas gracias.
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