Epílogo
Tras la tormenta llega la calma. Una calma fría y desoladora: se terminó el concierto. La esquina estaba vacía, no estaban ellos. No estaba, no estaba su tan inmaduro como apasionado amor. ¿Acaso estaba preparado?
No te lo he contado todo, hay una introducción con sabor a capítulo final, quizás epílogo.
Hay una serie de sueños especiales, más de lo que lo son el resto de sueños que recuerdo. Me pregunto si es una condena o un regalo y aunque no encuentro respuesta alguna, lo vivo como si fuera un tiempo muerto.
Al levantarme no se ralentiza el tiempo, no hay dudas ni preguntas, no hay respuestas; hay ideas claras, como si el sueño fuera parte de la realidad, como si la realidad se hubiera mostrado de una forma un tanto diferente a como lo suele hacer.
Y qué entresijo. Hay días en los que es la sonrisa la que domina los primeros instantes y otros en los que el sentimiento opuesto me invade al conseguir diferenciar ambas realidades.
Ahora dudo, dudo si eran los jóvenes y la obra de teatro parte de esta realidad o de la otra. Dudo de a qué realidad quiero que pertenezcan.
SEGUIMOS SOÑANDO.
No te lo he contado todo, hay una introducción con sabor a capítulo final, quizás epílogo.
Hay una serie de sueños especiales, más de lo que lo son el resto de sueños que recuerdo. Me pregunto si es una condena o un regalo y aunque no encuentro respuesta alguna, lo vivo como si fuera un tiempo muerto.
Al levantarme no se ralentiza el tiempo, no hay dudas ni preguntas, no hay respuestas; hay ideas claras, como si el sueño fuera parte de la realidad, como si la realidad se hubiera mostrado de una forma un tanto diferente a como lo suele hacer.
Y qué entresijo. Hay días en los que es la sonrisa la que domina los primeros instantes y otros en los que el sentimiento opuesto me invade al conseguir diferenciar ambas realidades.
Ahora dudo, dudo si eran los jóvenes y la obra de teatro parte de esta realidad o de la otra. Dudo de a qué realidad quiero que pertenezcan.
SEGUIMOS SOÑANDO.
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