El concierto, segundo acto

No entiendo por qué hoy me siento así. No tengo derecho, creo no tenerlo. Cuando aceptas una condena, una con fecha de caducidad, has de aceptar que habrá cambios de humor, que unos días no la aceptarás y no entenderás dónde te has metido.

Hoy es uno de esos días.

Cuando he dormido bien una noche, me levanto al día siguiente siendo consciente del concierto del que tengo entrada. Como si formatease un disco duro, la información vuelve poco a poco, con cuentagotas, mientras trato de convencerme, casi sin argumentos válidos y creíbles, de que soy capaz.

“Dios aprieta pero no ahoga”, me repito. Distraerme me viene bien. Me da unos segundos para que las aguas vuelvan a su natural cauce y yo recuerde que a pesar de que no quiera ir a ese concierto, asistiré.

Ese es mi último paso, el último paso que doy cada mañana. Sin duda es lo que más me cuesta, tratar de razonar después de tamaña hibernación que asistiré y que solo depende de mí cómo quiera disfrutar del concierto.


The end.

SEGUIMOS SOÑANDO.

Comentarios