Room 10(4)4
El agua está tranquila, sosegada, en calma. No suele estarlo. No solía.
Tras unas dunas, a lo lejos, hay un hombre con las manos metidas en los bolsillos de su cazadora marrón. Parece gastada, antigua. Mira al mar, al fondo del mar, a la nada, al más allá. Está esperando a alguien, le está esperando a él.
Detrás, una mujer rubia visiblemente afectada habla en voz alta. No grita, tampoco le habla siempre a él. Entre intentos por que vuelva al coche se repite en un tono más paulatino que está perdiendo el tiempo, que ha de marcharse. Ella sabe que él no volverá. Él quiere que vuelva, espera que vuelva.
Un mensaje en el contestador del hombre de la barba y la cazadora ochentera termina por destrozarle. Su mujer no aguanta más. Adiós.
El llama a su mejor amigo. Desea que esté ahí. Empieza a ver fotos de hace años, veinte en concreto. Recuerda momentos, qué momentos.
Se escucha la cisterna del baño... ahí está.
¿Qué haces aquí? Le pregunta nuestro amigo el barbudo. Vivo aquí, ¿recuerdas? Le contesta un joven y apuesto muchacho.
Inician una confusa pero entrañable conversación que termina en una (in)explicable pelea. Él quiere que vuelva, espera que lo haga.
Y vuelve por una última vez, ya con aspecto más cansado y envejecido. Ya no me verás más, le dice. No fuiste a salvarme de aquella corriente hace veinte años y me quedé allí, me ahogué. Si hubieras venido, también tú hubieras muerto, no te martirices más por ello. No tiene sentido hacerlo.
SEGUIMOS SOÑANDO.
Tras unas dunas, a lo lejos, hay un hombre con las manos metidas en los bolsillos de su cazadora marrón. Parece gastada, antigua. Mira al mar, al fondo del mar, a la nada, al más allá. Está esperando a alguien, le está esperando a él.
Detrás, una mujer rubia visiblemente afectada habla en voz alta. No grita, tampoco le habla siempre a él. Entre intentos por que vuelva al coche se repite en un tono más paulatino que está perdiendo el tiempo, que ha de marcharse. Ella sabe que él no volverá. Él quiere que vuelva, espera que vuelva.
Un mensaje en el contestador del hombre de la barba y la cazadora ochentera termina por destrozarle. Su mujer no aguanta más. Adiós.
El llama a su mejor amigo. Desea que esté ahí. Empieza a ver fotos de hace años, veinte en concreto. Recuerda momentos, qué momentos.
Se escucha la cisterna del baño... ahí está.
¿Qué haces aquí? Le pregunta nuestro amigo el barbudo. Vivo aquí, ¿recuerdas? Le contesta un joven y apuesto muchacho.
Inician una confusa pero entrañable conversación que termina en una (in)explicable pelea. Él quiere que vuelva, espera que lo haga.
Y vuelve por una última vez, ya con aspecto más cansado y envejecido. Ya no me verás más, le dice. No fuiste a salvarme de aquella corriente hace veinte años y me quedé allí, me ahogué. Si hubieras venido, también tú hubieras muerto, no te martirices más por ello. No tiene sentido hacerlo.
SEGUIMOS SOÑANDO.
Comentarios
Publicar un comentario