On the nature of the daylight

Hay una vena que no sé controlar. Se infla sola, ajena a mis deseos, ajena a mis órdenes. Muchas veces te he hablado de ella, unas tantas para desahogarme, como remedio, otras como intento póstumo, a la desesperada.

No la odio, no la extraño, no la quiero. No la necesito. Suelo pensar que solo me aporta melancolía y tristeza, que me debilita, que me consume.

No quieras incitarla, no quieras ser culpable. En el extremo opuesto a la connotación negativa se encuentran los motivos que te declararían culpable. Es la cola que muerde el pez, la suya, la propia. La culpa.

Se diferencia del resto de venas en que es tan impredecible como poderosa; tan pronto da guerra durante horas, puede sacar lo más tierno del baúl de lo secretos.



SEGUIMOS SOÑANDO.



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