Una osa menor

Me invaden unas terribles ganas de llorar. No es mi forma de desahogarme preferida, tampoco la habitual. No me sale hacerlo, no quiero hacerlo, pero siento unas terribles ganas de romper con todo.

Lo de que el árbol puede llegar a impedir ver el bosque a veces es cierto. Hoy es verdad. Conozco lo que dice la teoría, conozco lo que hacer en la práctica, pero ese maldito árbol no me deja ver el bosque.

Es impotencia, es rabia. Me pesa cada segundo que pasa, no hay uno que se libre. Por difícil que parezca, ese árbol hoy me impide ver cualquier otro punto del horizonte.

Es la osa menor quien me dice que confíe, que queda mucho por venir.



SEGUIMOS SOÑANDO.

Comentarios