Starlight

Antes hacía videos. No por los motivos que llevan a otros a hacerlos, no me va ser como los demás. 

Por plasmar un viaje, por tener guardar un recuerdo, por tener el mejor recuerdo, por tener ahí un tesoro, unas imágenes, unos vídeos, una parte de ellos resumida en unos minutos. Reconozco que yo terminé cediendo y también hice algún video así. Pero no, yo no empecé así, yo no era así. 
Luego, cuando se terminaba de editar el video, llegaba un proceso casi más complejo, el de encontrar la canción. Tenía que ser especial en muchos aspectos; tenía que encajar con los tiempos, el ritmo y la filosofía del video. Por mucho repertorio que te cubra las espaldas, no suele ser tarea fácil.


Pero los míos no. Los míos no eran así. 
Los míos pretendían ser más, aunque luego terminaran siendo mucho menos. Pretendían captar esencias que pocos pudieran entender, apreciar o ver. Esencias que a mí me hacían feliz porque las hacía mías, las convertía en mías. 
No pensaba las ideas, los planos, las escenas, los diálogos, los gifs o las bromas. Escogía algo, daba igual lo que fuera, y lo hacía mío.
Daba igual que fuera una persona, un animal, un objeto o una canción. Lo hacía mío, lo entendía, lo explotaba, en ambos sentidos de la palabra; quería llegar a donde la gente no mira, porque desde allí las vistas son mejores. Y tanto que lo son.


Y la esencia que desde lo más profundo de mí sacaba lo mejor de cada situación se marchó para no dejar huella. 
Quizás con ella no solo se fueron mis videos.



SEGUIMOS SOÑANDO.

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