Paparazzi

Un río de amargas lágrimas desmaquilló por completo su cara. Aún veo su inocencia, su valentía, su decepción, su dolor.
Veo su capucha negra, veo sus ganas de no llamar la atención, su mirada triste y perdida. El atardecer en su lugar favorito, su atardecer. Su rebeldía, su juventud, su inexperiencia.
Veo su desesperación, su tristeza, sus ojos... No consigo olvidar sus ojos, su alma, lo que vi de ella, lo que sentí por y con ella, lo que vi a través de ella.

Ese río de lagrimas caía sobre sus notas, las de aquel piano del que brotaba vida cada vez que soñaba con él.
Veo sus ganas de tatuarse, su piel descompuesta al día siguiente, el lado frío de la cama, cómo hacía suyo hasta cada pequeño detalle, cómo bailaba y cómo enamorada a la luna y sus estrellas. Cómo las hipnotizaba con su voz, cómo su susurro valía más que cualquier otro grito.


Para resucitar primero hay que morir.


SEGUIMOS SOÑANDO.

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