Con sabor a poco
Crónica de una victoria con sabor a poco.
Llevo dos días con una idea en la cabeza que se ha empeñado en no salir. La idea de porqué siempre es necesario en mi vida comparar; desde lo más pequeño a lo más grande, de lo más insignificante a lo más importante no hay hueco en blanco en el que un éxito no se vea eclipsado parcial o totalmente por otro más grande.
Y no tiene porqué ser uno más grande, para nada. De hecho, llevo casi un año esperando este tercer domingo de agosto. Tanto es así que en la recta final de la semana dispuse cinco escollos que superar para llegar a ello; ya van cuatro, todos superados con un éxito supremo, y solo sigo pensando en el mañana.
Dichoso quien hubiera podido disfrutar de cada uno de esos cuatro momentazos, dos de ellos han sido de esos que tampoco se viven más de una o dos veces al año, y pensar en el de mañana como colofón final a una semana de lujo. Quizás el colofón era hoy y me he empeñado en no verlo.
Eso sería el ojalá soñado. Sea como sea mañana, ocurra lo que ocurra, si comprendiera lo que te estoy contando, daría igual el resultado.
Aunque sin lugar a dudas, ahora mismo mismo solo pienso en el resultado.
Es por eso que haber ganado hoy un muy reñido campeonato de fútbol me sabe a poco. Y es culpa mía.
SEGUIMOS SOÑANDO.
Llevo dos días con una idea en la cabeza que se ha empeñado en no salir. La idea de porqué siempre es necesario en mi vida comparar; desde lo más pequeño a lo más grande, de lo más insignificante a lo más importante no hay hueco en blanco en el que un éxito no se vea eclipsado parcial o totalmente por otro más grande.
Y no tiene porqué ser uno más grande, para nada. De hecho, llevo casi un año esperando este tercer domingo de agosto. Tanto es así que en la recta final de la semana dispuse cinco escollos que superar para llegar a ello; ya van cuatro, todos superados con un éxito supremo, y solo sigo pensando en el mañana.
Dichoso quien hubiera podido disfrutar de cada uno de esos cuatro momentazos, dos de ellos han sido de esos que tampoco se viven más de una o dos veces al año, y pensar en el de mañana como colofón final a una semana de lujo. Quizás el colofón era hoy y me he empeñado en no verlo.
Eso sería el ojalá soñado. Sea como sea mañana, ocurra lo que ocurra, si comprendiera lo que te estoy contando, daría igual el resultado.
Aunque sin lugar a dudas, ahora mismo mismo solo pienso en el resultado.
Es por eso que haber ganado hoy un muy reñido campeonato de fútbol me sabe a poco. Y es culpa mía.
SEGUIMOS SOÑANDO.
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