13 diamantes

No sé mucho de diamantes. Nunca he visto uno como los de las películas, ni si quiera en un museo. Me resulta increíble ver cómo una simple piedra es capaz de atraer la mirada de tantos, de valer tanto y de ser tan codiciada. Cuanto menos, fascinante.

Sin embargo, y aunque parezca desorbitado, es un valor y un precio justo para lo que es. O eso dicen.
Es el mineral más fuerte, capaz de destruir y rayar a todas las demás, incluida a ella misma, mientras ninguna otra puede rayarla a ella.

Por lo visto, lo más cotizados son los menos parecidos a lo que se ve en las joyerías o en las películas; por lo que más se pagan son por aquellas piedras grandes a las que poder dar forma. Una vez cortas esa piedra a imagen y semejanza, sigue valiendo una barbaridad, pero no tanto como antes de cualquier intervención.

Se dice que cada vez es más difícil encontrar diamantes así, diamantes que aún no estén contaminados ni cortados, diamantes a los que poder dar forma.

¿Sabes lo más curioso? Que lejos de los que se ven en las altas esferas, los más puros son difíciles de reconocer. Alguien que ya ha disfrutado de uno pulido y al que se le ha dado forma, difícilmente va a saber identificar uno aún sin cortar.


Yo me encontré un diamante, uno muy grande y sin cortar. Uno que de tanto ver otras piedras inferiores con alardes de grandeza, y de vez en cuando algún diamante de poca monta, no era capaz de ver todo el potencial que tenía, lo que valía, pues trataron de hacerle ver que no era nada del otro mundo, y de tanto decírselo se lo creyó.

Pero no. No es una piedra más, ni si quiera un diamante más. Es de los diamantes más bonitos que hay, y eso lo digo yo.


SEGUIMOS SOÑANDO.

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