Joik

Siento tan cerca y a la vez tan lejos la posibilidad de alcanzar mi sueño que por culpa de ese horizonte perdido no encuentro fuerzas dentro para mantenerlo a salvo y con vida.

Lo rozo con la yema de los dedos, sueño y sueño con mi sueño. Ya solo está él. No ganó por la fuerza a los demás, su lucha no era la del más fuerte sino la del más valiente, la del más paciente; esa lucha que sin saber muy bien cómo y por qué deja un solo y claro vencedor. Uno de esos que no cae mal porque no se ha centrado en derribar a sus rivales, sino en hacer sus cosas de la mejor forma posible.

Ha llegado el punto en el que hace mejor las cosas mi sueño que yo. La mayoría de las metáforas resultan mucho más sencillas de llevar a cabo que la verdadera acción, y es que como si de otra metáfora más se tratase, el propio sueño no alcanza a hacerse realidad.

Por las noches antes de irme a dormir pienso en mi sueño. No hay noche que no me repita que puedo con ello, que no pararé hasta conseguirlo; aunque sorprendentemente ahí es cuando más lejos lo siento.


SEGUIMOS SOÑANDO.

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