Diario de un ego

Me abaten unos extraños delirios de grandeza que no siempre atino a controlar. 
Imagino cada situación, cada detalle; no desde el punto de vista egoísta, sino más bien el contrario. 

Me imagino cada error, error ya conocido, cada rastro originado por matices no limados. Imagino cada corrección, imagino cada prueba de humildad, imagino cada segundo siendo la misma persona que soy ahora. Por fuera. 

Cuando se descontrolan esos pensamientos es por culpa de imaginar cómo sería por dentro, cómo sería convertirse en aquello que siempre he deseado y odiado a partes delicadamente proporcionales. 


No hay control en una batalla a muerte con precedentes aunque sin finales escritos. Demasiada grandeza. Demasiada poca.


SEGUIMOS SOÑANDO.

Comentarios