Agape: Buen camino, parte II
No te acostumbras, porque no creo que haya nadie en su sano juicio que pueda hacerlo, pero como si así fuera.
De nuevo siento esa presión en el pecho, esa presión propia del campo de batalla. No he vivido más que una metáfora, sin embargo la experiencia me dice que aunque no terminas de acostumbrarte con el tiempo encarrilas y aceptas esa carga que nadie debería llevar.
Y cuando parece que sobraba con un frente abierto, resulta que no basta y se suma otro a la fiesta. De ahí la presión. Presión porque cada día que pasa quema más que el anterior, presión porque el fuego termina siendo la propia presión, porque las llamas terminan siendo una sepultura en vida.
Mientras por fuera el incendio parece no existir, por dentro las llamas se avivan ávidas de arrasar con lo que vean. A veces culpa propia, a veces culpa ajena, a veces una mezcla de ambas, da igual; el resultado es el mismo.
Y no olvides que hay responsabilidades, que mientras sufres por controlar un fuego interno que se torna incontrolable por momentos, hay más fuegos ahí fuera esperando tu sonrisa y tus ganas de apaciguarlos.
SEGUIMOS SOÑANDO.
De nuevo siento esa presión en el pecho, esa presión propia del campo de batalla. No he vivido más que una metáfora, sin embargo la experiencia me dice que aunque no terminas de acostumbrarte con el tiempo encarrilas y aceptas esa carga que nadie debería llevar.
Y cuando parece que sobraba con un frente abierto, resulta que no basta y se suma otro a la fiesta. De ahí la presión. Presión porque cada día que pasa quema más que el anterior, presión porque el fuego termina siendo la propia presión, porque las llamas terminan siendo una sepultura en vida.
Mientras por fuera el incendio parece no existir, por dentro las llamas se avivan ávidas de arrasar con lo que vean. A veces culpa propia, a veces culpa ajena, a veces una mezcla de ambas, da igual; el resultado es el mismo.
Y no olvides que hay responsabilidades, que mientras sufres por controlar un fuego interno que se torna incontrolable por momentos, hay más fuegos ahí fuera esperando tu sonrisa y tus ganas de apaciguarlos.
SEGUIMOS SOÑANDO.
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