Sin perdón (II)

Nadie dijo que sería así, nadie me habló de este tormento.
Sueños frustrados,
cada día más problemas,
tantos como estrellas estrellándose contra mis propios pecados;
quizá soy yo quien está tirando piedras a mi propio tejado...

Ideas fugaces,
la culpabilidad me ha clavado una lanza en el pecho,
no puedo hacer las paces,
el peso de la culpa aprieta mi cabeza contra el suelo,
atrapado entre sus fauces,
no es mi enemigo, es mi infierno.


El dolor me ha cambiado por completo.
Lo reconozco y no me reconozco.
Las canciones tristes no causan su efectos, tampoco los focos.
No peco de bueno, y aún así soy tonto.

En esto ya estoy solo, tras demasiados esfuerzos no me lo perdono.
Me estoy volviendo loco mientras intento salir de todo esto poco a poco,
pero no puedo,
todo lo que toco lo rompo, me destroz(a)o.
Demasiados corazones rotos, demasiadas maldiciones sobre mis hombros,
no hay descanso, solo lo empero.
Quien parecía una oveja más del rebaño, es el lobo.
Creí que era el torero, pero soy el toro.



SEGUIMOS SOÑANDO.

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