Sin perdón (I)

Esa incesante sed de sangre que no mengua,
ese instinto animal que renace por momentos,
esos pensamientos infernales que estremecen cada rincón de mi cuerpo,
y es esa piel de gallina que augura adrenalina en estado puro, la temo.

Canciones en modo repetición,
semblante serio,
lágrimas con sabor a redención,
malas noticias y tentaciones en forma de posts. (Ya no).

No es momento de pensar en eso;
miradas perdidas,
caras largas,
almas luchando contra no se sabe qué,
ni quién,
pero convencidas de su causa.
Rendidas ante rayadas que parecen laberintos,
no hay brújula que valga,
no hay salida a la vista,
tampoco hay pausa que justifique esta muerte adelantada.


Creía que era culpa del destino, pero no,
tristeza como hábito,
ilusiones muertas,
palabras encadenadas sin sentido,
sensibilidad a precio de saldo,
versos inacabados,
escritos diarios pensando en la droga más dura, sus labios.


Continuará...



SEGUIMOS SOÑANDO.

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