Palabras

Parece que solo son las palabras escritas las que tienen efecto últimamente. Las que piensas, como si de una estrategia de guerra se tratase, las que meditas, rumias y calculas al milímetro.

Lo (único, me atrevería a decir) malo de la estrategias es que no siempre salen como tú esperas. Tener calculado todo al dedillo pasa a no servir si algo se tuerce y no hay capacidad de reacción. 

Es por eso que llevo mucho, mucho tiempo dándole vueltas a la siguiente pregunta: ¿qué es más importante, la estrategia o la capacidad para modificarla bajo presión y aún así salir victorioso?


He llegado a la nada sencilla conclusión de que la primera necesita a la segunda si las cosas se tuercen, siendo más importante que la otra, mientras que si la estrategia inicial funciona a las mil maravillas no se necesita ninguna capacidad más que la de saber ganar.

Aún así, creo que lo que diferencia a un estratega de un gran estratega, o a un perdedor de un ganador, es lo segundo, su capacidad de superarse cuando las cosas no pueden ir peor.



Soñad por mí mañana, que lo que a vosotros os puede resultar baladí, a mí me da la vida.

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