La primera fue
Hay demasiada gente; demasiadas ideas creativas, originales, innovadoras y mejores; demasiada competencia...
Renuncié hace tiempo a ser el mejor en algo. Lo único que me queda ya es sacar lo mejor de mí mismo, y ya ni eso vale.
En un mundo donde los números valen más que las sonrisas, en el que a los que gritan en silencio no se les escucha y a los que susurran en voz alta se les hace caso, en el que valen más las normas y el dinero que una vida humana, ¿tan si quiera merecería la pena destacar?
¿Destacar en qué?
Los que destacan dirán que para llegar ahí tienes que renunciar a muchas cosas, pero no te dicen a qué. Y desconcierta.
Mi abuelo me decía siempre que, hiciera lo que hiciera, intentara ser siempre el mejor.
Me encantaría poder hacerte caso abu, pero en este mundo en el que ya no hay personas sino clones o robots vivientes con un propósito en común, destrozar a la competencia para ganar, no sé si quiero ser el mejor.
No sé si ganar a toda costa debe estar por delante de cosas como amar, ser y estar alegres, sonreír, reír y disfrutar.
Renuncié hace demasiado tiempo a ser el mejor en algo. Lo único que me queda ya es sacar lo mejor de mí mismo, y ya ni eso vale. Ya no vale porque lo que se espera siempre es mucho más de lo que consigo. Y cuando crezco, cuando mejoro, cuando aprendo... El nivel del agua que me ahogaba se incrementa para ahogarme aún más.
Así funciona esto.
SEGUIMOS SOÑANDO.
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