Por si te caes (I)
Roza la ignominia hacia mí mismo. Y no es victimismo. Me reitero porque odio ese término y lo que implica.
Creo que tengo un problema.
Este es diferente al resto, diferente a esos los cuales conozco la salida; soy sabedor de sus puntos fuertes, los flacos y por dónde atajarlo.
Este no lo conozco a pesar de que tampoco es nuevo. No es pereza lo que me impide salir de esta, es ignorancia, impotencia.
Me engancho a canciones nuevas que justifican el paso de los días.
Rehuyo mis más cercanos compromisos, me agobia saber que no será para siempre.
No me consuela pensar que nada es para siempre.
Me asusta pensar que existe un mañana en el que las cosas ya no irán así. Me asusta mucho.
Es confuso, extrañaba esa clase de inspiración pero tampoco la quiero conmigo. La nuestra es una relación amor-odio en la que no hay ni de lo uno ni de lo otro, solo ganas, vicio y toxicidad a niveles insospechados.
Todo suma o todo resta, en virtud de cómo se mire. Lo que no se dice es que los ojos dejan de mirar hacia arriba para otear horizontes utópicos. Mientras tratan de dibujar uno nuevo, real, que se difumina a cada noticia mala que bajo el brazo trae un par de palos, cada día más duros.
Un día más, el papel hace las veces. Gracias.
SEGUIMOS SOÑANDO.
Comentarios
Publicar un comentario