El aura
Muchas incoherencias vas a leer hoy, pero créeme, es la verdad.
Anoche me vino a la memoria una conversación muy bonita que hace tanto ya que se esfumó que apenas puedo recordarla bien. Sí recuerdo con quién fue, recuerdo de qué iba y recuerdo cómo me sentí.
Recuerdo que antes de aquello no estaba solo, no supuestamente, aunque me sentía solo. Quien me había metido en aquel barro me había abandonado quedándose a mi lado hacía mucho tiempo.
Alguien tenía que pagar los platos rotos, a pesar de que no se dio ni cuenta de que era yo quien los pagaba. Con el tiempo me di cuenta que sí sabía quién los pagaba, pero esa es otra historia.
Y, curiosamente, encontré refugio en quien creí que jamás me lo daría. Por eso no debería utilizar nunca jamás la palabra jamás; precisamente... Si no la utilizase no podría explicarte que aquel ángel en horas bajas se preocupó más de lo que nadie lo había hecho "jamás". A mí me bastó.
Me bastó, me sobró y han pasado los años y sigo sonriendo como un tonto cada vez que me acuerdo.
Tal vez no me creas pero forma parte de esa colección de recuerdos imborrables, insignificantes con toda probabilidad para sus protagonistas, pero inolvidables para mí.
SEGUIMOS SOÑANDO.
Anoche me vino a la memoria una conversación muy bonita que hace tanto ya que se esfumó que apenas puedo recordarla bien. Sí recuerdo con quién fue, recuerdo de qué iba y recuerdo cómo me sentí.
Recuerdo que antes de aquello no estaba solo, no supuestamente, aunque me sentía solo. Quien me había metido en aquel barro me había abandonado quedándose a mi lado hacía mucho tiempo.
Alguien tenía que pagar los platos rotos, a pesar de que no se dio ni cuenta de que era yo quien los pagaba. Con el tiempo me di cuenta que sí sabía quién los pagaba, pero esa es otra historia.
Y, curiosamente, encontré refugio en quien creí que jamás me lo daría. Por eso no debería utilizar nunca jamás la palabra jamás; precisamente... Si no la utilizase no podría explicarte que aquel ángel en horas bajas se preocupó más de lo que nadie lo había hecho "jamás". A mí me bastó.
Me bastó, me sobró y han pasado los años y sigo sonriendo como un tonto cada vez que me acuerdo.
Tal vez no me creas pero forma parte de esa colección de recuerdos imborrables, insignificantes con toda probabilidad para sus protagonistas, pero inolvidables para mí.
SEGUIMOS SOÑANDO.
Comentarios
Publicar un comentario