Diario de una depresión (5)

No lo aguanté más, me he rendido ya.

Lo extraño ahora es tener ganas de algo. La única forma de conseguirlo, y a duras penas, es hacerlo por alguien.

Siento que hay un listón que está puesto demasiado alto, siento que no llego. Que no llego y por mucho que me esfuerce más lejos me siento de alcanzarlo. Al principio solo era una especie de reto, ganas de hacer las cosas de la mejor forma posible para que todo volviera a estar bien.

En cambio, ese listón "amigable", ese listón que pretendía sacar lo mejor de mí mismo se convirtió en mi peor enemigo. Ese listón no te hunde; te presiona, te asusta y se alía con el miedo que tienes a tantas y tantas cosas que es imposible cubrir todas las grietas que deja. El desenlace es fatal, no hay escapatoria. 
Y no, no te hunde, pero te deja que te autodestruyas; que te hundas tú mismo al comprobar en tus propias carnes que no eres suficiente, que no llegas a lo que se espera de ti, y que sea cual sea el esfuerzo, no servirá.

La primera vez no hay listón que te frene. Y no solo la primera vez, sino las cien primeras.
Más adelante... bueno, sigues pensando que hay salida, que, como dice la canción, "todo volverá a ser como antes". 
Pero no. 
Y con ese "no" llegan los siguientes golpes, mientras a lo lejos el listón te mira con orgullo, satisfecho de su trabajo mientras receloso solo puedo ver cómo juega sus cartas. No te hunde, pero parece disfrutar viendo cómo te estrellas una y una vez.


Hay listones que no se pueden superar. O, al menos, no tú solo.


MAÑANA TAMBIÉN VOLVERÁ A SALIR EL SOL.

Comentarios