Diario de una depresión (4)

¿Hace cuántos días que escribo que no puedo más?
Es lo mismo, entra en bucle la historia interminable que a cámara lenta se convierte en la peor pesadilla. 
Mismos protagonistas, mismo dolor, mismas inertes soluciones. Lo único que pasa es el tiempo mientras el dolor se acomoda en unos e invade a otros.

Lo malo es que ese dolor no es exclusivo, no se encierra dentro de un único ente; te destroza y cuando acaba contigo, o crees que ha acabado contigo, te doblega aún más haciendo daño a quienes más intentan ayudarte, a quienes más te quieren, a quienes menos lo merecen.

Es desesperante ver cómo hace añicos a tu alrededor mientras, inmóvil, no puedes defenderte, no puedes tomar represalias: solo puedes ver como la flecha cae para hundirse, y con ella todo lo demás.


No hay trampas que valgan en esta partida, porque aunque intensa y reñida, no es un juego. 
Hay vidas en juego, pero no es un juego. 
Porque llevo sin poder más el mismo tiempo que su esclavo, el dolor, patentó esa demoledora sensación para no irse. 


Para unos "así es la vida".
Para mí "así es la muerte".


SEGUIMOS SOÑANDO.


Comentarios