16-20

16/5/2017

“El problema de superar un límite no es hacerlo en sí, es saber dónde volver a ponerlo”.

Desde que escuché esa frase, hace ya años, en un mítico capítulo de “House”, no pasa una semana sin que piense en ella; sin que la maldiga, sin que me entren unas ganas enormes de hablar con los guionistas y ver qué soluciones proponen ellos. 
Como si de una bella e igualada partida de ajedrez se tratase, de tanto estudiar los posibles movimientos que yo haría, hablando con ellos disfrutaría mucho y aprendería más aún viendo las proposiciones que idearon.

Pienso tanto en ella porque creo que ninguna palabra de esa frase sobra, que no solo están coordenadas a la perfección sino que cual película digna de arrasar en los Oscars, solo te muestra una pequeña parte de toda su calidad, dejando que tú te adueñes de ella e interpretes el resto.

Adoro ese tipo de películas. Cine experimental, creo que lo llaman. 


20/5/2017
Anoche no podía más. No sabía a qué recurrir ya, no quedaban opciones en mi horizonte. Ni tan si quiera las mezclas de esas pequeñas cosas daban en el clavo, así que opté por volver a ver ese capítulo, ese capítulo de House. 
Me acordé de lo que escribí, que ahora lees tan solo unas líneas más arriba, de que tú te adueñas de esos grandes capítulos y esas grandes películas. Me pareció incluso mejor que cuando lo vi por primera vez. Esos diálogos, esa forma de abrirse, de sufrir, de sentirse vivo, de hacer daño, de sobrepasar e inventar límites...

Porque hay límites que se idearon para ser sobrepasados y otros para que no se sobrepasasen nunca. 
Y porque cuando no pasas los primeros y superas los segundos, más que un muerto en vida, te conviertes en un vivo que ya está muerto. Parece imposible... Ojalá lo fuera.


SEGUIMOS SOÑANDO.

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