Quinto acto

Asocio las malas rachas con cambios. Puede que sea un mecanismo de defensa. Puede que tan solo sea la esperanza que cualquier cabeza necesita tener, la ilusión que haga las veces de motor, uno que solo se sacie cuando necesite una nueva víctima.


Demasiadas vueltas para algo que no las merece. Puedo vestir de una forma u otra la parte de mí que con gusto y miedo aquí guardo, afirmarte no sin pánico que por momentos parece ser una obra de teatro que cierra el telón, quizás porque ha llegado su final, quizás porque tan solo es el intermedio y lo mejor quede por venir.

Hay un pequeño momento en el que el motor se puede quedar sin combustible, tan pequeño que suele pasar desapercibido a los ojos de los demás. Un momento en el que, antes de introducir la nueva gasolina, el motor ha de funcionar por sí solo, sin gasolina ni nada, confiando en que ese esfuerzo momentáneo se vea recompensado por la nueva oleada de ganas y energía. 

No puedo evitar acordarme ahora del combustible orgánico y el DeLorian de Doc en Back to the Future II.



Quizás todo el mundo lo vea y solo seamos unos pocos los que nos paremos a pensar si merece la pena que el motor siga funcionando.

Que comience el acto tercero.


SEGUIMOS SOÑANDO.


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